El culpable de que las mariposas se alboroteen y vuelen libres. Déjame quererte, déjame sentirte o al menos déjame saber que allí estás, de alguna u otra forma. Que no te pierdo a cada instante. Que me buscas y que existe una fuga, donde el protagonista es la adrenalina, a pesar de que sabemos que nada hay de malo en esta situación.
Quiero un abrazo, como los de ayer, un cariño para refugiarme en ti y creer que existe una armadura, por cierto, de acero inoxidable.
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